Iruya a paso lento (2°Parte)

 

El camino se hizo poco a poco más angosto,elevado e increíble. Sentada en asiento de atrás de la camioneta en la que viajábamos no pude menos que dejarme llevar por los golpeteos que los neumáticos producían sobre el camino pedregoso y que mi temor dejara lugar al asombro. Nada de lo que me habían contado me importaba. Algo más impactante aparecía ante mis ojos. No voy a negar que si hubiera estado sentada del lado del precipicio habría cerrado los ojos en algún momento, no está de más aclarar que por ratos decidía mirar hacia donde la referencia fuera clara, es decir hacia la ladera ya que las alturas que toma el camino son considerables y el ancho de la ruta no invita a la tranquilidad. Solo confié en la pericia del conductor que supo sortear lo avatares del viaje con serenidad de salteño.

_mg_3166

Pero Iruya bien lo vale. Cuando llegamos el atardecer nos mostraba colores impresionantes. Accedimos al nuestro hotel ascendiendo la cuesta de unos 600 mts que la distancia máxima de este pueblo hacia un lado del valle, lo que llaman los lugareños, la Iruya Vieja. Sobre la otra ladera se alza nueva un pueblo en crecimiento, la Iruya Nueva, que poco a poco va tomando forma e identidad.

_mg_3154

Luego de un corto descanso salimos a caminar por las calles solitarias de un sábado de calor. Solo unos pocos jóvenes se preparaban para una noche pueblerina con unas cervezas y un poco de música en las calles. El mercadito de la plaza se iba despidiendo y las mujeres con sus fardos cargados emprendían la vuelta a casa. El silencio de un pueblo de montaña es indescriptible. El movimiento desaparece y deja lugar a un paso cansino y fatigoso, producto de la falta de oxígeno y de una vida alejada del consumo y del dinamismo de las ciudades.En Iruya todo es lento. Caminar en ascenso obliga a un esfuerzo extra y el sol castiga sin pausa a esos moradores que llevan como signo, su piel curtida y su espalda curvada. Esos hombres y mujeres que fueron testigos de una historia de aislamiento y que hoy día solo los colectivos que van y vienen a Humahuaca los conectan con lo básico, con lo vital, que para ellos, es suficiente.

_mg_3185

Ascendimos al Mirador para ver el atardecer y regresar sin demasiado aire a nuestro hotel para cenar.

_mg_3159

Nuestro hotel estaba ubicado en parte más alta del pueblo. Nuestra ventana miraba al cementerio de montaña, lo cual resultó una experiencia nueva en nuestro derrotero por la Argentina. Pero nuestro Noroeste está plagado de sitios funerarios al aire libre, que mezclan los cultos religiosos recibidos con la colonización con los rituales funerarios propios del Imperio Inca, del cual proviene el pueblo originario.

_mg_3124

A la mañana siguiente, domingo, nos acercamos a la Iglesia cuando se celebraba la misa. Era día de elecciones presidenciales en la Argentina y despacio, como suelen hacer, los iruyanos, nos tomaron en la Seccional de Policía nuestro registro de turista y  la exención de nuestro voto.

img_20151122_102555905

Iruya a paso lento. No se puede ir más rápido, no se debe. Es respetuosa la lentitud. Es la sensación de estar en otra dimensión que abarca el cuerpo completo y da ganas de volver y permanecer para poder, quizás, contagiarnos de esa placidez, de esa calma y de lo auténtico de la vida sin tantas quejas ni reclamos innecesarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s