Atenas, la primera emoción.

La llegada a Atenas fue un momento muy esperado no solo por lo importante del proyecto sino también por el cansancio que nos acompañó luego de largas horas de vuelo desde Buenos Aires. Lo único que queríamos era apoyar nuestro cuerpo en una superficie horizontal. Pero la primera sorpresa ocurrió cuando bajamos del avión en el Aeropuerto Venizelos de Atenas y nos golpeó la temperatura de ese mediodía furioso de verano. Coméncé a imaginarme caminando la ciudad bajo un sol que no perdona, sabiendo que soy un tanto sensible al calor!!!!

La simpatica griega que nos condujo  al apartamento nos contó todo lo que debía saber en relación al funcionamiento de la casa…todo eso en los 30 km que median hasta la ciudad. Lo fundamental para mi, a esa altura, era que el aire acondicionado funcionara bien…y efectivamente todo fue genial.

Luego de un rato de descanso salimos a conocer o “reconocer” adonde estábamos en verdad. Sabía que estaríamos a pocas cuadras del centro mismo de Atenas….basicamente eso fue lo que filtró mi búsqueda cuando alquilé mis alojamientos. Tres cuadras y nos encontramos frente al Nuevo Museo de la Acropolis, una maravilla arquitectonica que se prefiguraba como una cita de honor para el día siguiente. Caminamos por la calle que bordea el museo que está jalonada de coquetos restaurantes con simpáticos jóvenes griegos que ofrecen probar sus delicias con total amabilidad y absoluto respeto. De repente, uno de ellos se nos acercó y nos identificó como argentinos…no sé como hizo…pero iniciamos nuestra charla en español y asi nos compró para toda la estadía. Él y sus amigos, la gente del restaurante Arcadia, lograron seducirnos con su encanto, su dedicación pero también con su buena cocina y sus excelentes precios. Los gestos propios del lugar como el recibir a los comensales con una botella de agua (sin cargo obviamente) o el plato de frutas como postre ( aun si uno prefiere no comer nada dulce), son delicadezas desconocidas para nosotros.

Arcadiaensalada griega

 

Luego de cenar  recorrimos la calle Dionisio Areopagitou, calle empedrada que bordea el Compleo de Acrópolis y por donde se encuentra el acceso al Nuevo Museo de Acrópolis. A medida que nos acercábamos comenzamos a escuchar sonidos de la lírica que provenían del mismo sitio arqueológico. Lo cierto que en estos días estivales se realiza el Festival de verano y en los distintos ámbitos del complejo se realizan obras de teatro, muestras de arte y también conciertos como el que se escuchaba esa noche.

acropolis

 

museo de acropolis

 

El sonido, la luz, los monumentos encendidos comenzaron a encendernos chispas de una gran emoción que, luego, se acrecentaría. La caminata nocturna por esa Atenas calurosa me produjo cierta nostalgia de mi infancia. La gente sentada en los umbrales de sus casas tomando fresco, , los bares rebosantes de actividad, los chicos jugando a la pelota o andando en bicicleta, me hizo acordar a los veranos de mi barrio y de mi calle.

noche ateniense

La vida es así de simple en la capital de Grecia y la noche se presta para hacer todo aquello que el calor del día no permite. La fresca brisa, el viento suave que hace mover las ramas de los plátanos, invitan a quedarse horas disfrutando de la luz de la luna, del Partenón iluminado….un espectáculo aparte!!!!!….y que, como faros no nos permiten olvidarnos del lugar en que nos encontramos. Felices y helado de por medio….nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba la Acrópolis, día intenso para los historiadores!!!

 

 

gelato

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