Atenas , la primera emoción

La llegada a Atenas fue un momento muy esperado por lo importante del proyecto como también por el cansancio que nos había generadoo el vuelo de tantas horas desde Buenos Aires. Lo único que queríamos era llegar y apoyar nuestro cuerpo en una superficie horizontal. La sorpresa ocurrió cuando nos topamos con la temperatura con la que Atenas nos recibió.Comence a pensarme caminando la ciudad bajo un sol que no perdona y me preocupé.

La llegada al apartamento , gracias a nuestra conductora simpática que, en los 30 km recorridos, nos contó lo básico a saber para el funcionamiento de lo que sería nuestro hogar durante 5 días.Lo fundamental era que el aire acondicionado funcionara bien…y en verdad todo fue genial.

Luego de descansar salimos a rconocer el lugar. Como ya sabía por la página de alquileres, estábamos ubicados a solo tres cuadras del Nuevo Museo de la Acrópolis, una maravilla arquitectónica, que se prefiguraba como una cita de honor para el día siguiente.

Caminamos por la calle que bordea el museo y que está jalonada de coquetos restaurants, todos con símpaticos jóvenes griegos que te ofrecen probar sus delicias, con total amabilidad y con muchísimo respeto.

De repente, uno de ellos se nos acercó e identificó que eramos argentinos, no se como, pero lo hizo….así nos compró.Él y sus amigos, la gente del restaurant Arcadia, lograron seducirnos con su encanto, su dedicación y su buena cocina. Gestos propios de este lugar son el recibimiento con una jarra de agua (sin cargo, obviamente) o el plato de frutas, como en casa, son delicadezas que los caracterizan.

 

Luego de cenar caminamoos por Dionisio Areopagitou, que es la calle empedrada que bordea el Complejo de Acrópolis y don de tiene el acceso el Nuevo Museo. A medida que acercábamos a la entrada del complejo comenzamos a escuchar sonidos de una espectáculo lírico que se estaba llevando a cabo en el Teatro de Dionisio. El sonido, la luz, la Acropolis encendida, cmenzaron a darnos ciertas chispas de emoción que luego se acrecentarían.

Caminar por las calles calursas de Atenas por la noche me produjo cierta nostalgia de la infancia. La gente sentada en los umbrales de sus casas tomando fresco, en los bares, los  chicos jugando a la pelota o andando en bicicleta. La vida es así de simple en la capital de Grecia y la noche se pressta para hacer todo aquello que el sol del día no permite. La fresca brisa, el viento suave que hace mover los árboles que bordean los caminos, invitan a quedarse horas disfrutando de la luz de la luna, de los monumentos iluminados,que, como faros,no nos permiten olvidar done estamos. Felices a dormir…mañana nos espera la Acrópolis, un día intenso para los historiadores!!!

 

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