La Quebrada de Humahuaca, un lugar de encuentro con la dignidad y la belleza

Cuando me pregunto que busco cuando viajo obtengo tantas respuestas diferentes como sitios a los que llego.Todos los viajes nos hacen encontrarnos con uno mismo y dejar cosas que no necesitamos. Solo despojándonos de lo innecesario podemos conectar con lo que buscamos. Por eso viajo para encontrar otras realidades y descargar peso en cada una de ellas.

Cuando dejé atras San Salvador de Jujuy no sabía que me encontraria con  realidades que fueron regalos que, sin solución de continuidad, fui recibiendo como dones, gratuitamente, bajo un esplendoroso cielo de julio. La Quebrada de Humahuaca….cuanto había leído….Patrimonio de la Humanidad, títulos, honores que sólo son palabras cuando nos adentramos en sus entrañas.Ahí los títulos quedan de lado y la humanidad se muestra en crudo, sin producciones ni adornos. El mapa rutero me indicaba el fin del entorno verde de Yala y Lozano y ,entre curvas y contracurvas, el ambiente comenzó a tornarse árido. Los colores, del verde al ocre, al marrón, en sucesión y progresión,hicieron que la mirada se pusiera en alerta porque aquello que aparecía que singularmente mas bello de lo que dejábamos atrás.

Volcán fue la primera población, que tímidamente, nos abrió la puertas de la Quebrada.Nacida gracias al ferrocarril que recorría la región, se encuentra abrazada por montañas desnudas y coloreadas de verde, todavía algo de verde por las bondades del río Chani,, pero más allá el ocre, el marrón…..

 

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La desolación de ese mediodía de domingo me resonó fuerte….me preparaba para lo que vendría…..Avanzando por la ruta y a muy pocos kilómetros aparece el gran portal de la Quebrada, la ciudad de Tumbaya.En plena precordillera de los Andes, se eleva a 2034 msnm.Construída con arquitectura colonial, su histórica iglesia (1796) conserva valiosas pinturas de la escuela cuzqueña e interesantes piezas de orfebrería. Parece que San Francisco Solano pasó por allí. Lo testimonian una fuente de agua y una estatua en el pueblo. Los habitantes se congregan a celebrar anualmente la fiesta de la Candelaria el 2 de febrero y la fiesta de Ntra Señora de los Dolores. El Domingo de Ramos una multitud de peregrinos bajan de los cerros en procesión con la Virgen de Copacabana. Recorrer sus callecitas siesteras fue una real fiesta para mis sentidos.

 

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Finalmente llegamos al lugar de nuestro hospedaje. Famosa por sus colores y sonidos y en un desvio de la ruta, apareció frente a nosotros, majestuosa Purmamarca. Sin dudas uno de los lugares imperdibles de mi país. Pintoresca por demás, su nombre significa, en quechua, “pueblo del león” . Circundada por cerros de todos los colores, guarda en sus postales el inigualable “Cerro de los Siete Colores” cuyo nombre se lo ha ganado por las pigmentación de los minerales que lo forman. Dicen los que saben que la mejor vista es alrededor del mediodía. Yo les puedo asegurar que a cada hora del día la vista es diferente y los colores se van tonalizando con

el movimiento del sol.

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Recorrí tantas veces ese pueblo, en distintos viajes, y no logró perder el atractivo que me genera, una especie de enamoramiento de esos que uno espera que no se termine.La plaza principal reúne toda la artesanía el norte, un mundo de colores, objetos y sonidos que no cansan.Aguayos, mantas, ponchos, mates, instrumentos musicales y más. Todo vale hasta pedir rebajas a la hora de comprar recuerdos. La iglesia principal, consagrada a Santa Rosa de Lima, tiene una arquitectura sencilla:muros de adobe, techo de cardón con imágenes cuzqueñas en su interior. Lo primero que se ve cuando uno llega desde la ruta es su cúpula y a medida que se avanza se puede observar completa. Imagen

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La gastronomía es imperdible, en especial, las empanadas de carne, queso de cabra y charqui. El locro, las humitas y tamales también se degustan en las cercanías de la plaza.

Purmamarca es todo esto y mucho más. Es ese lugar donde puedo caminar por las callecitas solitarias pensando en encontrar algo, aunque no sepa muy bien que busco. Es ese lugar donde el silencio es interrumpido solo cuando la naturaleza lo decide y al hombre solo le resta escuchar.

Les debo para la próxima el resto de los regalos que me dio mi travesía por la Quebrada de Humahuaca, en especial su gente.

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