Arquitectura y Fe

La visita a Luján ha sido una tradición familiar desde que era niña.La recorrida a la Basílica, las caminatas por los alrededores y el mate sentados a la vera del Rio Luján, signó mi niñez. Se había convertido en algo sin novedad, sin demasiada planificación. El viaje era largo y tedioso y en el pueblo no había mucho que hacer excepto que fueras un católico practicante que dedicabas el día a la contemplación.

Después de muchos años las cosas han cambiado. La ruta se ha transformado en una autopista y llegar no significa mucho más de 30 minutos. Luján es una ciudad que bulle diariamente en torno a Basílica  y a toda la actividad que ella supone  pero también a la actividad agrícola, como tantas otras ciudades de la provincia de Buenos Aires.

Cuenta la leyenda que la Virgen quiso quedarse en Lujan cuando viajaba en un baúl desde el puerto de Buenos Aires a Sumampa, antigua dependencia de la región de Córdoba del Tucumán. Cuando la columna de carretas paró a descansar cerca del rio Lujan y al querer volver a emprender el viaje, una  se mancó y no quiso andar. La situación fue entendida, en la época, como una señal de que esa Imagen que viajaba en su interior, no quería dejar el lugar. Así fue como La imagen quedó en la casa de un pueblerino hasta que los destinos de la Iglesia permitieron que se construyera la Iglesia que hoy conocemos.

La Basílica es una joya de la arquitectura, tanto que bien pudiera ganarse el lugar de Catedral. El esplendor de sus muros, su estilo y su grandiosidad difieren en gran medida de la que, hoy, luce como Catedral de Buenos Aires.

Es de estilo neogótico ojival. Está circundada por una reja de hierro forjado que a intervalos presenta el monograma de la Virgen. Su construcción comenzó a principios del siglo XX . Se comenzó  con la construcción de los pináculos y de las balaustradas que rodean las capillas del ábside. Se instalaron los rosetones y se terminó el muro del lado oeste y sur. En el interior, las columnas llegan a los once metros de altura. En los talleres se construye la escalera de mármol que lleva al Camarín de la Virgen. En 1896 comienzan a instalarse la totalidad de los vitrales que fueron traídos de Francia (Burdeos), fabricados por la Casa Degrand.

Finalizadas las obras del ábside, sus capillas, el Camarín, el Altar Mayor y los dos cruceros, es trasladada la Imagen de Nuestra Señora de Luján desde el Santuario de Lezica, donde había permanecido desde 1763, a su nueva morada.. Se completan los dos púlpitos de origen francés. Se instala el gran órgano Cavaillé-Coll de París. . También los candelabros del altar mayor, la cruz dorada con esmalte. Se colocan las 16 estatuas de los apóstoles y evangelistas. De Milán llegan las 13 campanas, que pesa en total 14.915 kilogramos.

Pocos turistas que llegan a Buenos Aires se animan a adentrarse para visitar este lugar emblemático para los argentinos. Aquellos que organicen su visita se encontrarán con un pueblo preparado para recibir peregrinos: hostales, albergues, hoteles, campings están distribuidos por la ciudad. Pero sin necesidad de permanecer, es una visita que no lleva más de medio día . A pocos kilómetros por la ruta Nacional 5 se encuentra el pueblo de Tomás Jofré famoso por su gastronomía autóctona. Allí los fines de semana se dan cita los amantes del buen comer y tienen una variada combinación de propuestas a medida de cada comensal.

En el atardecer de enero que decidí volver a visitar Lujan, mi mirada se detuvo en puntos que, ahora sí, resultaron novedosos. Miré con ojos de historiadora entonces pude detenerme a observar el viejo Cabildo que estaba cerrado y la recova que rodea la Basílica. Miré con ojos de amante del arte y no pude menos que abrir la boca para contemplar los vitrales, los rosetones y las gárgolas de la fachada y los pináculos que, a mayor o menor distancia, cayeron bajo el ojo de mi cámara fotográfica. Miré también con ojos de observadora de la conducta humana y fui testigo de esa religiosidad  popular que es muy propia de algunas comunidades. Hombres y mujeres de todas las edades contraídos en oración, promesas cumplidas y objetos entregados a la virgen, desde tocados de novia hasta pequeñas ofrendas artesanales hechas a mano y con materiales bien simples. Hombres y mujeres que ponen sus objetos a fin de ser bendecidos por el cura de turno que convoca a los fieles en un acto íntimo y solemne.

Efectivamente la mirada modifica lugares, sensaciones y vivencias. Partimos de una experiencia y siempre nos sorprende un detalle que hace que ese momento sea irrepetible.

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